Cristo Jesús: El Verbo de Dios hecho Carne (Juan 1: 10-18)

En esta oportunidad veremos cómo el mundo, en su gran mayoría, no recibió al Señor Jesús, ni lo reconoció tampoco como el Hijo Unigénito de Dios.  Veremos también por qué aquella minoría que si lo acepto, como ellos son reconocidos como hijos de Dios.

Y es que no todos los seres humanos, solo por virtud de su nacimiento, son necesariamente hijos de Dios.  Para ser llamado hijo de Dios, uno tiene que tener primero una experiencia personal, una entrega genuina a Cristo; pues es necesario recibir a Cristo y creer que Jesús es el Señor — el Hijo de Dios — y que para que, creyendo en Él, seamos salvos (y no salvos por obras sino por gracia).

Leamos entonces la palabra de Dios, pero antes inclinemos nuestros rostros para pedir a Dios sabiduría para entender su palabra y para poder aplicarla a nuestras vidas.  Que sea Él el que nos guíe, nos guarde, nos hable esta noche.  Y que recibamos su mensaje con humildad, con aceptación, reconociendo realmente que nosotros no somos nadie, y que el Señor Jesús es realmente todo, el eterno “Yo Soy.”

 

Lectura I: Juan 1: 10-14: El Verbo fue hecho carne

1:10 En el mundo estaba, y el mundo por él fue hecho; pero el mundo no le conoció.

1:11 A lo suyo vino, y los suyos no le recibieron.

1:12 Mas a todos los que le recibieron, a los que creen en su nombre, les dio potestad de ser hechos hijos de Dios;

1:13 los cuales no son engendrados de sangre, ni de voluntad de carne, ni de voluntad de varón, sino de Dios.

1:14 Y aquel Verbo fue hecho carne, y habitó entre nosotros (y vimos su gloria, gloria como del unigénito del Padre), lleno de gracia y de verdad.

 

Juan 1: 10 y 11: La ingratitud del mundo

1:10 En el mundo estaba, y el mundo por él fue hecho; pero el mundo no le conoció.

1:11 A lo suyo vino, y los suyos no le recibieron.

Los primeros dos versos mencionan claramente que el mundo no recibió al Verbo, al Hijo del Dios Viviente.  Que el mundo no conoció, ni recibió al Señor Jesús.

¿Por qué creen que a pesar que Cristo (como parte de la Santa Trinidad) creó al mundo, el mundo no lo conoció?  Creo que realmente esta pregunta es quizás un poquito más difícil de lo que al comienzo parece. ¿Por qué el mundo no reconoció a Jesús como el Hijo de Dios? ¿Qué piensan ustedes? ¿Por qué creen ustedes que la creación no recibió a su Creador? ¿Algunas ideas o teorías por allí?

Dije que pienso que esta pregunta es difícil, no porque sea necesariamente difícil imaginar las respuestas [y algunas de las respuestas que se han dado pueden ser validas].  Pero creo que uno siempre debe tener mucho cuidado con estas cosas porque cuando un hace una pregunta acerca de un versículo en la Biblia, uno debe responderlo de acuerdo al contexto bíblico de dicho versículo; nunca sacando el versículo fuera del contexto, fuera de la historia que se está revisando.

Si uno busca respuestas fuera del contexto bíblico, uno podría terminar sacando conclusiones erradas, equivocadas.  Por ejemplo, alguien por allí podría haber pensado que la mayoría de los contemporáneos de Jesús no lo recibieron como Dios y Salvador, era por su apariencia física.  Es decir que, a pesar de sus grandes milagros y poderosos sermones, aun así, Cristo era — en el parecer físico y ante los ojos de la mayoría — de apariencia promedio (Isaías 53: 2), que su aspecto físico lo relataba como uno más de entre la multitud.  Y por supuesto, hay algo de verdad en esa respuesta.

El Señor no se vestía con ropas lujosas, ni esplendorosas (cf. Juan 19:23).  Él era muy humilde en su forma de ser y en su forma de vestir; por eso (algunos podrían argüir) que a muchos judíos de su época les pudiera haber sido difícil imaginar que este hombre, de procedencia tan humilde, era nadie menos que el mismo Hijo del Dios.  Pero si lo era, y lo sigue siendo en el día de hoy.  A pesar de sus apariencias físicas de aquellos días.

Entonces, esta posible respuesta se podría aplicar muy bien — por lo menos teóricamente — a los sucesos históricos del Siglo I: ¿Por qué los contemporáneos de Jesús, en su gran mayoría, no lo reconocieron como a Hijo de Dios?  La respuesta seria, de acuerdo a esta teoría, que la gente en la época Jesús no lo recibieron como Hijo de Dios porque ellos solo veían las apariencias físicas y materiales del Señor, y no podían entender como un hombre de procedencia tan humilde, de apariencia tan promedio, y de vestimentas tan sencillas, podría ser el mismo Hijo de Dios.

El problema con esta teoría es que no se aplica al hombre moderno del día de hoy.  Porque la verdad es que nosotros, en el día de hoy, no podemos ya ver a Jesús de una forma física (tal y como lo hacían antes).  Entonces esta posible respuesta (aunque podría parecer tan lógica) no puede ser la respuesta correcta o universal porque la verdad es que, en el día de hoy, el hombre moderno del Siglo 21, en la actualidad, en su gran mayoría, todavía rechaza rotundamente a Dios.

Entonces, de todas formas, como dije hace un momento, lo mejor que uno puede hacer cuando uno tiene una pregunta bíblica es buscar la respuesta dentro del contexto bíblico de dicho versículo, de acuerdo a la historia o enseñanza que se está revisando.  La respuesta correcta, entonces, la tenemos que encontrar en la Biblia, generalmente en el mismo capítulo, pero también algunas veces la respuesta la vamos a encontrar en algunos capítulos cercanos.

En nuestro pasaje anterior, como recordaran, en el versículo 9, ya se hablaba de la luz que vino al mundo, mientras que en los versículos 10 y 11 se afirma que los hombres, en su mayoría, no recibieron a Jesús.

Pero creo que, en este caso específico, la verdadera respuesta la podemos encontrar mucho más adelante: En el capítulo 3 del evangelio según San Juan, en los versículos 18 y 19, donde leemos que:

    1:18 El que en él [en Jesús] cree, no es condenado; pero el que no cree, ya ha sido condenado, porque no ha creído en el nombre del unigénito Hijo de Dios.

    1:19 Y esta es la condenación: que la luz vino al mundo, y los hombres amaron más las tinieblas que la luz, porque sus obras eran malas.

Esta creo que podría ser la mejor respuesta a nuestra pregunta original: ¿Por qué el mundo no recibió a su Creador? La respuesta entonces seria (de acuerdo los versículos que hemos leído) es que la mayoría de la humanidad no recibió a Jesús porque la gente amaba más las tinieblas que la luz — porque sus obras eran malas.

Esta es la mejor respuesta porque proviene de la Biblia — es la respuesta bíblica — y si se ponen también a pensar, esta respuesta también tiene mucho sentido.  Si Jesús es la Luz del Mundo (como el autor de este evangelio lo menciona claramente en Juan 8:12), y si nosotros siempre vivimos una vida correcta y sin pecado, no nos va a importar que la gente vea nuestras obras.  Al contrario.  Vamos a querer muchas veces que la gente note nuestras obras.  Porque estas son buenas.

Por otro lado, si nosotros somos hombres impíos y pecadores, entonces allí si no vamos a querer que la gente vea nuestras faltas y pecados.  Vamos a querer permanecer en la oscuridad para que nuestras obras no sean expuestas.  No vamos a querer, si somos malos, aceptar la persona de nuestro Señor Jesucristo.

Al menos que Dios obre primero en nuestros corazones, vamos a preferir la oscuridad.

En otras palabras, cuando no hay intervención divina, si el hombre es dejado solo para escoger entre el pecado y la santidad, el hombre siempre va a escoger pecado.  Solo cuando Dios habla directamente al corazón del hombre, recién allí, él va a escoger santidad.  Y esto en si ya es un milagro.

Tiene que intervenir Dios en nuestros corazones para que podamos ser salvos.  Todavía tenemos libre albedrío, pero Dios nos escoge primero.  Todavía podemos rechazar a Dios, pero Él todavía nos da a escoger.

 

Juan 1: 12 y 13: Los hijos de Dios

1:12 Mas a todos los que le recibieron, a los que creen en su nombre, les dio potestad de ser hechos hijos de Dios;

1:13 los cuales no son engendrados de sangre, ni de voluntad de carne, ni de voluntad de varón, sino de Dios.

Esta última reflexión nos va a ayudar a introducir los temas que tocan los versículos 12 y 13, donde dice primero que los que creen en su nombre (es decir en su Ser, en su Persona y en todo lo que Cristo representa), se les dio la autoridad de ser llamados hijos de Dios.  Notemos aquí una relación causa-efecto.  La causa es “creer” en el Hijo, el efecto es ser “hijo” de Dios Padre.

Como mencioné anteriormente, uno no puede ser hijo de Dios solo por virtud de su nacimiento como los judíos creían (por ser parte del pueblo escogido de Dios) o como muchos “cristianos” creen hoy en día (sobre todos aquellos que bautizan a sus hijos cuando son bebes).  Es necesario “creer” (Juan 3:16), lo cual implica no solo una aceptación de hechos históricos o teológicos (cf. Santiago 2:19), sino incluye más bien un cambio de mentalidad tan fuerte e inminente que se muestra en un cambio de comportamiento externo como un cambio de mentalidad interna.

Ahora, les voy a hacer otra pregunta a ustedes, una que creo que puede ser más profunda aún. ¿Qué quiere decir con esto, que los hijos de Dios no son engendrados de sangre, carne, ni de voluntad de varón?

La respuesta está bastante relacionada con el versículo anterior; es decir, clarifica lo que el versículo 12 estaba enseñando sobre quienes son realmente los “hijos de Dios”.  Por allí uno puede decir que nació de una familia cristiana, de una familia muy piadosa, de buenas obras, y reconocida en su pueblo, pero esto no significa nada para Dios con respecto a la salvación eterna.

El nuevo nacimiento viene como consecuencia de una acción iniciada por el Padre celestial (Juan 3:27; 6:44), no porque nuestros padres biológicos así lo desearon.

El hombre dejado por sí mismo, nunca va a poder, o nunca va a tener la capacidad de escoger libremente, de hacer el bien: Las tentaciones del diablo (2 Timoteo 2:26), la influencia de la sociedad (1 Juan 2:15-16) y sobre todo la naturaleza carnal (Santiago 1:13-16) van a ser demasiado para que el hombre por si solo pueda escoger santidad.

Dios tiene que actuar primero en el corazón del hombre (ver también Juan 6:65), y cuando lo hace, allí recién el hombre va a tener la verdadera oportunidad de escoger entre el bien y el mal, allí recién el hombre va a tener libre albedrío: Va a tener una oportunidad justa como para aceptar o no a Jesús (Génesis 2:16-17; Marcos 8:34; Juan 7:17; Apocalipsis 3:20).  Dios es bueno, y quiere que todos los hombres se salven; pero, aun así, Dios también es justo, y eso significa que Él también les da la libertad de escoger su propio destino (Juan 7:17; 1 Timoteo 2:4; 1 Pedro 2:16).

 

Juan 1: 14: El Verbo fue hecho carne

1:14 Y aquel Verbo fue hecho carne, y habitó entre nosotros (y vimos su gloria, gloria como del unigénito del Padre), lleno de gracia y de verdad.

En el Antiguo Testamento, Dios habitaba entre su pueblo escogido por medio de forma visible en el tabernáculo.  Este último constituía la simbología y el sistema de sacrificios en el cual el Dios Infinito, Omnisciente, Omnipresente y Santo podía hacerse presente en el pueblo que Dios escogió para sí, comenzando desde Abraham.  El tabernáculo del Antiguo Testamento era una representación física de un Dios espiritual.

Ahora Dios tomaba un paso más drástico en su deseo de tener una comunión más íntima y cercana con el hombre, ahora el Dios Omnisciente se hace Hombre (encarnación).  Ese acercamiento no era solo visible y material como en el caso del Jesús de Nazaret, sino también ahora en forma espiritual y permanente como en el caso del Espíritu Santo (Juan 14: 16-17; 14: 22-23).

El testimonio del autor de este evangelio es que el Verbo, Jesucristo, “habito entre nosotros,” y aquí “habitar” significa “montar un tabernáculo,” “vivir en una tienda,” o “plantar su carpa” (MacArthur, Jn 1:14; Jamieson, 176).  Esta contemplación de su gloria no fue solo visible y física (Mateo 17:1–8), sino también invisible y espiritual, al ver los atributos de su deidad (bondad, gracia, sabiduría, misericordia, etc.).

Aunque antiguamente habitar en una tienda denotaba una visita temporal, el termino “habitar” llego a significar eventualmente vivir en una morada permanente (ver por ej. el uso en Apocalipsis 12:12).  Así es como la Tercera Persona de la Trinidad, el Espíritu Santo, viene a morar en nosotros, y por consiguiente el sistema de sacrificios que el Tabernáculo representaba ya no es necesario.  Con la muerte de Cristo en la Cruz, la barrera que dividía a Dios y al hombre se había destruido (cf. Mateo 27:51; Juan 2:19).

 

Lectura II: Juan 1: 15-18: La excelencia del Verbo de Dios

1:15 Juan dio testimonio de él, y clamó diciendo: Este es de quien yo decía: El que viene después de mí, es antes de mí; porque era primero que yo.

1:16 Porque de su plenitud tomamos todos, y gracia sobre gracia.

1:17 Pues la ley por medio de Moisés fue dada, pero la gracia y la verdad vinieron por medio de Jesucristo.

1:18 A Dios nadie le vio jamás; el unigénito Hijo, que está en el seno del Padre, él le ha dado a conocer.

 

Juan 1: 15: Antes que Juan el Bautista

1:15 Juan dio testimonio de él, y clamó diciendo: Este es de quien yo decía: El que viene después de mí, es antes de mí; porque era primero que yo.

En términos de tiempo y rango, Jesús no solo existió antes que Juan el Bautista sino como Dios, Jesús era también superior a Juan el Bautista.  “El Bautista reconoce su propia posición inferior con su aclaración de la preexistencia y superioridad del Verbo.” (Bartley, 66).  Quizás la declaración de preexistencia no debería de asombrar a nadie si Jesús (como hombre) era de edad mayor que el Bautista, pero en realidad era al revés, y por seis meses (ibíd.; Lucas 1:26, 36).  De todas formas, este versículo no está hablando de edades humanas, sino de la preexistencia infinita de Jesús (cf. Juan 8:58; Colosenses 1:17).

Con respecto a la superioridad de Cristo sobre Juan el Bautiza, esto es claro ya que Jesús es Dios (Juan 1:1, 20:28; Colosenses 1:15).  Aun así, Juan el Bautista, aunque era el más grande de entre los hombres (segundo solo a Jesús); el más pequeño en el Reino de los Cielos es mayor que él (Mateo 11:11).

Por último, Juan mismo reconoce que él no era digno de ser aun el esclavo de Jesús (de acuerdo al contexto histórico, esto es lo que significaba cuando el Bautista manifestó que él no era digno de desatar la correa de la sandalia de Jesús, como veremos más adelante en Juan 1:27).

 

Juan 1: 16-17: La Ley y la Gracia

1:16 Porque de su plenitud tomamos todos, y gracia sobre gracia.

1:17 Pues la ley por medio de Moisés fue dada, pero la gracia y la verdad vinieron por medio de Jesucristo.

La primera plenitud (o abundancia) se manifestó por medio de la Ley de Moisés, la cual era un favor inmerecido que todos los judíos recibieron de Dios.  Pero esa no fue la única gracia, hubo más comunicaciones divinas en la historia de Israel, es decir, comunicaciones sucesivas y medidas más grandes, según cada uno es capaz de recibirla (Jamieson, 176).  Sin embargo, la gracia que recibimos por medio de Jesucristo sobrepasa todas las manifestaciones previas (Criswell, Jn 1:16-17).

Ahora bien, ¿Qué relación se podría establecer entre la ley de Moisés y la gracia de Jesucristo?  En otras palabras, ¿Qué papel desempeñó Moisés en el plan de Dios para con el hombre? y ¿Cuál fue la obra que Jesús terminó para salvar a la humanidad de sus pecados?

Moisés trajo la ley de Dios al pueblo judío, incluyendo los 10 mandamientos, y les dio también instrucciones sobre lo que tenían que hacer sus sacerdotes para la remisión temporal de sus pecados.  Para lograr este propósito, los sacerdotes tenían una serie de rituales entre los cuales se incluían el sacrificio de animales, para el perdón de los pecados de todo Israel, incluyendo los pecados de los mismos sacerdotes.

El día más sagrado en el calendario judío, el Día de Expiación, consistía en parte en la remisión anual de pecados por medio de la sangre de becerros, machos cabríos y carneros (Levítico 16).  En Hebreos 9: 7, se habla brevemente de este tema: “…pero en la segunda parte, sólo el sumo sacerdote una vez al año, no sin sangre, la cual ofrece por sí mismo y por los pecados de ignorancia del pueblo.” 

Entonces, el sumo sacerdote tenía que ofrecer todos los años la sangre de machos cabríos y corderos para que Dios perdonara su propio pecado y el del resto del pueblo israelita, pero esto no término agradando a Dios.  Los israelitas seguían pecando más y más, y de acuerdo a la ley de Moisés, el que transgredía una sola ley, ya era declarado transgresor de toda la ley.

Es allí cuando Jesús Cristo, el Hijo Unigénito de Dios, se ofrece para dar su propia sangre para el perdón de los pecados, sangre limpia y sin pecado, sangre agradable de Dios.

En Hebreos Capitulo 10, versículo cuatro y en adelante dice:

10:4 porque la sangre de los toros y de los machos cabríos no puede quitar los pecados.

10:5 Por lo cual, entrando en el mundo dice:

Sacrificio y ofrenda no quisiste;

Más me preparaste cuerpo.

10:6 Holocaustos y expiaciones por el pecado no te agradaron.

10:7 Entonces dije: He aquí que vengo, oh Dios, para

10:8 hacer tu voluntad,

Como en el rollo del libro está escrito de mí.

Jesucristo, siendo el Hijo de Dios, no tiene que ofrecer sacrificios cada año, como lo hacía el sumo sacerdote, sino solo una sola vez, y ese sacrificio era suficiente para salvar a toda la humanidad de todos los tiempos que se arrepintiera de sus pecados y que creyera en Cristo.  Fue un precio caro que pagar, aunque para nosotros tal salvación es gratis e inmerecida.

 

Juan 1: 18:  El Hijo cerca del Padre

1:18 A Dios nadie le vio jamás; el unigénito Hijo, que está en el seno del Padre, él le ha dado a conocer.

Aparte de Jesús, nadie más ha visto a Dios jamás; por lo menos no así, de una forma directa e inmediata.  Esto es un contraste implícito con Moisés, a quien se menciona en el versículo anterior, y a quien los judíos consideraban el más grande de los profetas.  Quizás Juan el Apóstol, el autor de este libro, quería ilustrar indirectamente la superioridad de Jesús también sobre Moisés, quien a pesar de haber podido escuchar a Dios cara a cara (Números 12:8), eso no significaba tampoco que Moisés pudo haber visto a Dios con toda su gloria, es decir, tal como Él es en su eterna naturaleza.  Eso sería imposible (Carson, 268).

Quizás sea también necesario notar que, más adelante, el Señor Jesús le dice a Felipe que aquel que ha visto al Hijo, ha visto también al Padre (Juan 14:9).  En otras palabras, Jesús no solo ha visto al Padre en su forma natural, sino que Jesús es también la imagen invisible del Padre (Colosenses 1:15).  Juan el Apóstol testificó que Jesús estaba con Dios, y a la vez, Jesús era también Dios (Juan 1:1).  Dios es Espíritu, y aparte de lo que ha sido revelado, su Persona es todavía un gran misterio, el misterio de la Piedad (1 Timoteo 3:16).

El misterio de Dios, su Santa Trinidad, la divinidad de Cristo, la salvación por gracia, la remisión de pecados — todos estos son temas que pueden ser conceptos difíciles de entender.  Es también es muy difícil comprender la magnitud del amor de Dios, que sacrifico a su Hijo Unigénito, para nuestra salvación eterna.  Para nosotros, seres insignificantes comparados a Dios, seres capaces de hacer tantas maldades, que no merecemos ni siquiera estar en la memoria de Dios.  Aun así, Dios nos ama, y es por ese gran amor que Él también nos quiere perdonar para darnos la vida eterna.

Pero para reclamar ese perdón, tenemos que arrepentirnos de nuestros pecados, y sobre todo creer que Jesús es el Cristo, el Hijo del Dios Viviente.  Si creemos que Jesús es Dios, y si confesamos nuestros pecados, el Padre nos va a mirar con agrado (cf. 1 Juan 1:9), y recién allí nos vamos a reconciliar con Él.  Solo así vamos a ser constituidos hijos de Dios (v. 12) no por voluntad de nuestros padres, quienes también podrán ser cristianos, pero esto no nos hace automáticamente cristianos tampoco a nosotros.  Tiene que haber una conversión individual.  Una experiencia personal.

Amén.

 

.CC

Juan el Bautista: El Enviado de Dios (Juan 1: 6-9)

Como habíamos visto anteriormente, el Evangelio según Juan es un libro de la Biblia, en el Nuevo Testamento, que narra la vida, la muerte y las enseñanzas de nuestro Señor Jesucristo.  Se le conoce como el Evangelio según San Juan, por supuesto, porque se reconoció desde su comienzo que el autor de este evangelio fue el propio Apóstol Juan, un hombre de Dios, quien fue primero discípulo de Juan el Bautista y que después lo dejo a su antiguo maestro para seguir los pasos de nuestro Señor Jesucristo, el Hijo Unigénito de Dios.

Al Apóstol San Juan también se le conoce como el “discípulo amado del Señor”, pues fue una de las personas más cercanas al Señor Jesucristo, y a quien el Señor escogió para revelar las profecías del fin del mundo.  Estas son entonces las revelaciones que el Apóstol Juan escribió en un libro conocido hoy como Apocalipsis o Revelaciones, el último libro de la Biblia.

Sin embargo, en estos versículos el autor está hablando de su antiguo maestro, Juan el Bautista, a quien Dios comisiono para testificar sobre la Luz del Mundo, y así los judíos pudieran creer que Jesús de Nazaret era el Mesías.  Vale la pena notar desde bien temprano que en este evangelio “Juan” se refieren siempre a Juan el Bautista.  Juan el Apóstol, el autor del cuarto evangelio, nunca utilizó el nombre Juan para describirse a sí mismo, aun cuando fue uno de los tres discípulos más cercanos a Jesús (cf. Mateo. 17:1).

 

Lectura: Juan 1: 6-9: El enviado de Dios

1:6 Hubo un hombre enviado de Dios, el cual se llamaba Juan

1:7 Este vino por testimonio, para que diese testimonio de la luz, a fin de que todos creyesen por él.

1:8 No era él la luz, sino para que diese testimonio de la luz.

1:9 Aquella luz verdadera, que alumbra a todo hombre, venía a este mundo

 

Juan 1:6: El enviado

1:6 Hubo un hombre enviado de Dios, el cual se llamaba Juan

Aquí se habla por primera vez de un hombre llamado Juan.  Se menciona que fue enviado por Dios.  Las preguntas que muchos lectores se harían a sí mismos son: ¿Quién es este Juan? ¿Es el mismo Juan quien escribió este libro o evangelio?

Como vimos en la introducción, la respuesta es negativa.  Aquí en el versículo 6 se está comenzando a hablar de Juan el Bautista, él cual es otro diferente a Juan, el que escribió este evangelio.  Como mencione anteriormente, el autor de este evangelio, Juan el Apóstol, fue primero discípulo de Juan el Bautista, al cual abandona para seguir los pasos de nuestro Señor Jesucristo.

 

Juan 1:7: El testimonio

1:7 Este vino por testimonio, para que diese testimonio de la luz, a fin de que todos creyesen por él.

La palabra “testimonio” en el séptimo verso, afirma John MacArthur (en su Biblia de Estudio), refleja el lenguaje judicial del Antiguo Testamento, donde la verdad podría establecerse por medio de declaraciones de varias personas (ver también Juan 8:17).  Juan el Bautista no fue el único testigo de que Jesús es el Mesías prometido, el Hijo de Dios, también lo fueron las señales y milagros de Cristo (Juan 10:25), las Escrituras (Juan 5:39), el Padre (Juan 8:18), Él mismo (Juan 8:14), y el Espíritu Santo (Juan 15:26).

 

Juan 1: 8: Testificó de Cristo

1:8 No era él la luz, sino para que diese testimonio de la luz.

El Bautista no era la luz (v. 8), lo cual indica que él no era el Mesías, como algunos de sus seguidores podrían haber llegado a creer.  En otro sentido, Juan no era la luz pues la fuente de la luz es siempre Dios, aquí encarnado en forma de hombre, pero ciertamente Jesús también quería que sus discípulos reflejaran la luz de Dios: “Vosotros sois la luz del mundo” (Mateo 5:14).  De una forma similar se podría usar la analogía de la vida (Juan 1:4).  Los pámpanos o ramas de un árbol no pueden llevar frutos si estos se desprenden del árbol (Juan 15:4), y si lo hacen, estos caen al suelo y mueren, y serán recogidos y usados como leña para el fuego (Juan 15:6).

 

Juan 1: 9: La Luz verdadera

1:9 Aquella luz verdadera, que alumbra a todo hombre, venía a este mundo

En el versículo 9, ¿Por qué se dice que la luz alumbra a todo el hombre? ¿Por qué es necesario que la luz alumbre al hombre?  Es necesario que la luz, la luz de Cristo, alumbre primero a todo hombre para ver realmente quien es él.  Como ustedes saben, nosotros los seres humanos venimos en muchas razas, formas y colores; y témenos la tendencia de juzgar a los demás basados a las apariencias, a lo que vemos externamente.

Sin embargo, nosotros nunca podemos ver el verdadero interior de las personas.  Lo máximo que podemos tratar de hacer es aprender de cada uno sus obras pasadas, sus antecedentes históricos, para así de alguna manera poder predecir el comportamiento futuro del individuo.  Pero no crean que estoy hablando necesariamente del sistema legal o jurídico de este país, sino más bien estoy hablando de nosotros mismos.  Porque debemos reconocer que nosotros también muchas veces juzgamos a los demás de acuerdo a lo que sabemos de ellos, de sus obras pasadas.

 

Cristo puede ver nuestro interior

Entonces, quizás nosotros nunca podamos ver (a simple vista) el verdadero interior de las personas, pero Dios si puede.  Por eso, cuando el hombre sincero se arrepiente de sus pecados con todo su corazón; eso es algo que solo Dios lo puede ver.  Un arrepentimiento genuino y verdadero; eso es algo que solo Dios lo sabe.

Por eso nosotros podemos hacer obras malas, obras que quizás ni los hombres nos perdonen – obras tan malas que quizás ni aun los hermanos de alguna iglesia nos perdonen – allí es cuando nosotros debemos de acordarnos que Dios si nos puede perdonar.  Dios si sabe lo que hay en nuestros corazones.  Dios si puede alumbrar nuestro interior, y perdonarnos, y cambiarnos, y hacer de nosotros nuevas criaturas.

Por otro lado, los hombres casi siempre nos van a juzgar por nuestras apariencias, por lo que ven externamente. Por ejemplo, alguien por allí puede pensar que solo porque yo soy hispano o latino, esta persona ya sabe bastante de mí. Esto se debe a que mucha gente tiene ideas preconcebidas sobre nosotros, sobre los hispanos, que somos así y o que somos asa.

Y como decía hace un rato, quizás otras personas van a tratar de ver un poquito más allá de nuestras apariencias, y van a tratar de juzgarnos de acuerdo a nuestras acciones pasadas, ya sean buenas o malas.  Pero solo Dios es el que puede juzgarnos por lo que realmente somos ahora.  No por lo que fuimos en el pasado, sino por lo que somos ahora, en estos momentos.

 

Dios puede perdonarnos

Así vemos que quizás muchos de nosotros, si hemos hecho cosas incorrectas en el pasado — y todos los hemos hecho, y realmente esto no lo digo porque estamos en la cárcel, el mensaje es el mismo dentro y fuera de la cárcel — y como decía, si hacemos algo malo (ya sea pequeño o grande, pero si hacemos algo malo), si nos arrepentimos, Dios nos perdona: Dios nos puede dar su perdón.

El hombre quizás no nos perdone, los hermanos y religiosos de las iglesias quizás no nos perdonen — ¡pero Dios si lo hace! Si realmente el Señor ve en nuestros corazones arrepentimiento, Dios nos va a perdonar.

Por otro lado, hay personas que aparentemente hacen siempre lo bueno, tienen títulos de trabajo impresionantes y tienen un lugar muy honroso en la sociedad. Quizás hasta donan mucho dinero a los pobres, pero si tienen el corazón limpio y arrepentido, eso es algo que solo Dios lo sabe, y a Él no le podrán engañar.

Entonces aquí se explica el papel importantísimo que jugo Juan el Bautista.  Este es otro Juan.  Él que está escribiendo este libro o evangelio es Juan, el discípulo y apóstol de Jesús, uno de los doce. Pero aquí están hablando de Juan el Bautista, el profeta que preparó el camino del Señor Jesús.

Entonces Juan el Bautista tenía una misión divina, preparar el camino del Señor, la voz que clama en el desierto, arrepentirse de sus pecados (versículo 23).

Que el Señor los bendiga,

 

CC

Introducción a San Juan y el Verbo de Dios (Juan 1: 1-5)

 

Introducción al Evangelio según San Juan

Entonces como es el caso de todos los evangelios, el Evangelio según San Juan es también un libro de la Biblia, que se encuentra en el Nuevo Testamento, y que narra la historia de la vida y la muerte de Jesucristo y transmite también sus enseñanzas.  El apóstol Juan es considerado como su autor.

Este evangelio es considerado como el más teológico de los cuatro.  Con teología me refiero que en vez de contar solamente los milagros y las predicas de Jesús, también nos dice su significado.  El autor nos dice cual fue exactamente el propósito de este evangelio en Juan 20: 31: “Pero éstas se han escrito para que creáis que Jesús es el Cristo, el Hijo de Dios, y para que creyendo, tengáis vida en su nombre.”

En otras palabras, Juan escribió este evangelio para que sus lectores creyeran que Jesús es el Hijo de Dios; no un solo un maestro o profeta, sino el Hijo Unigénito de Dios.  Este verbo, “creer“, se repite aproximadamente 100 veces en San Juan.  Es importante e imprescindible que nosotros “creamos,” pero que creamos de verdad y con todos nuestros corazones que Jesús es realmente quien Él dice ser, el Hijo del Dios Viviente.  Si lo hacemos, entonces vamos a heredar el reino de Dios.

Pasemos ahora a leer los primeros cinco versículos de este evangelio.  Estos versículos son uno de los más importantes que se encuentran no solo de este evangelio, sino también de toda la Biblia.

 

Lectura: Juan 1:1-5: En el principio era el Verbo

1:1 En el principio era el Verbo, y el Verbo era con Dios, y el Verbo era Dios.

1:2 Este era en el principio con Dios.

1:3 Todas las cosas por él fueron hechas, y sin él nada de lo que ha sido hecho, fue hecho.

1:4 En él estaba la vida, y la vida era la luz de los hombres.

1:5 La luz en las tinieblas resplandece, y las tinieblas no prevalecieron contra ella.

 

Juan 1: 1: Jesús es Dios

1:1 En el principio era el Verbo, y el Verbo era con Dios, y el Verbo era Dios.

¿De Quién está hablando el apóstol Juan aquí? ¿Quién es el Verbo?

Una de las primeras cosas que el apóstol quiso decir en su evangelio es que Jesús, el Verbo, era Dios.  Esto era tan importante para Juan que lo quiso mencionar, antes que nada, el comienzo mismo de su evangelio; es decir, que cuando el Señor Jesús estuvo en la tierra hace dos mil años, mucho antes que naciéramos, aun antes de la creación del mundo, Jesús ya era nada menos que Dios mismo.

Y por supuesto si esto es importante para Dios, también uno puede esperar que esto sería algo que Satanás, a través de los siglos, ha tratado de cambiar para engañar a la gente, para que la gente no crea que Jesús también es Dios, y por consiguiente no se salven.

Por eso es que hay una religión o secta que cambia la traducción del primer versículo de Juan para distorsionar su significado.  Ellos en su versión distorsionada de la Biblia, traducen el primer versículo como: “En el principio existía la Palabra y la Palabra estaba con Dios y la Palabra era un dios.”

La parte que debemos notar aquí es que esta secta traduce que Jesús no era Dios (con “D” mayúscula) sino “un dios” (con una “d” minúscula).  Lo que tratan de hacer aquí es insinuar que Jesús no es Dios, no es parte de la Santa Trinidad, sino que Jesús era algo así como un dios pequeñito, de menor rango o categoría.

Esto es, por supuesto, una herejía (hay que llamar siempre las cosas por su nombre).

Quizás alguno de ustedes les parezca que esta distorsión de la palabra de Dios no sea una gran cosa, pero si lo es, porque esta gente también afirma que Jesús es el arcángel Miguel.  Si ellos transmiten eso a su gente, y la gente de esta secta por consiguiente cree que Jesús fue solo un ángel, entonces ellos no pueden creer que Jesús es el Hijo de Dios, y no pueden ser por consiguiente salvos. Un ángel es solo un ser espiritual que no puede salvar a toda la humanidad de todos los tiempos.

Pero si Jesús realmente es Dios, parte de la Santa Trinidad, entonces podemos estar confiados de que podemos ser salvos si creemos en Él.

Ahora bien, ¿Cómo podemos saber cuál de las traducciones es correcta en este versículo? ¿La versión de Reina-Valera (la que tenemos nosotros) o, por decir, la versión de esta ultima secta que acabamos de mencionar (la llamada Traducción del Nuevo Mundo de los Testigos de Jehová)?

Hay una forma bien simple que podríamos hacer usando este primer versículo del evangelio según San Juan.  No necesitamos saber griego para averiguarlo, pero noten que en nuestra traducción de Juan 1: 1 vemos que hay dos palabras “Dios”, los cuales ambos están con D mayúscula.

Por otro lado, como acabamos de notar, la otra traducción de esta secta también tiene dos palabras “Dios”, pero una con “D” mayúscula y la otra con “d” mayúscula.  En otras palabras, la traducción de esta secta tiene dos palabras Dios que porque están realmente escritas diferentes, implicando que Dios Padre es Dios (D mayúscula) y Jesús es solo un dios menor (d minúscula).

¿Entonces como sabemos cuál de estas versiones es verdadera? Muy simple, yendo al griego original para ver si estas dos palabras en el capítulo uno, versículo uno, de San Juan son las mismas o no.  Ahora bien, yo personalmente no se hablar griego para averiguar si estas dos palabras “Dios” son las mismas que se utiliza para describir a Dios Padre y Dios Hijo, pero si hay un libro llamado El Estudio Completo del Nuevo Testamento por Spiros Zodhiates, el cual nos dice la traducción de cada una de estos versículos palabra-por-palabra.

En este libro encontré que la palabra Dios para describir al Padre, al Dios Padre Todopoderoso, es la misma palabra Dios que se utilizó para describir al Verbo, es decir a Jesús.  Es más, el autor de este libro, Spiros Zodhiates, quien es un erudito griego-americano, nos dice la clasificación de esta palabra dada por otro teólogo llamado James Strong.  Este segundo señor clasificó en el siglo 19 todas y cada una de las palabras del Nuevo Testamento, les dio un número, y publico los significados de cada una de estas palabras.

De acuerdo a la concordancia de este señor Strong, la primera palabra “Dios” (Dios el Padre), a la cual le dio el número 2316, viene de la palabra griega Theós, y también la segunda palabra “Dios” (que se usa para referirse al Hijo, también viene de la palabra Theós, que también es la palabra numero 2316 como esta descrita por el Señor James Strong en su famosa concordancia de la Biblia).

Entonces, ¿Por qué me estoy dando el trabajo de explicar todo esto? Porque, así como les mencione arriba que no todos los libros “cristianos” son necesariamente inspirados por Dios, así también no todas las traducciones de la Biblia son traducciones fieles del griego (en el Nuevo Testamento) o al hebreo o arameo original (del Antiguo Testamento).

Por supuesto, las traducciones de la Biblia que tienen aquí en esta prisión, en el LCCC, son todas correctas, hasta donde yo sepa.  Pero les menciono esto para cuando salgan de esta prisión, deben tener cuidado con lo que le dan o regalan, sobre todo si son de sectas o religiones que no son muy conocidas.

Es decir, no siempre es bueno leer todo lo que le dan.  Primero es importante leer bien la Biblia, bajo la dirección del Espíritu Santo, orando primero para que Dios nos de la correcta interpretación, y después cuando ya hayamos leído bien la Biblia, yo creo que sería útil leer también otras publicaciones cristianas.  Porque entonces si vamos a estar preparados para discernir lo bueno con lo malo, lo puro con lo alterado, lo que es de Dios y lo que no lo es.

 

Juan 1: 2-3: Todo lo que hay se debe a Jesús

Ahora leamos los versículos dos y tres:

1:2 Este era en el principio con Dios.

1:3 Todas las cosas por él fueron hechas, y sin él nada de lo que ha sido hecho, fue hecho.

Aquí vemos que San Juan continúa hablando del Verbo, de Jesucristo, y enfatiza dice que Jesús ya existía desde el principio — desde el principio de la creación del mundo.  Reina-Valera dice que la creación fue también hecha por Jesús: “Todas las cosas por Él fueron hechas“.

Sin embargo, para ser más exacto, el original griego en realidad no dice que todas las cosas fueron hechas “por Él” sino “por medio de Él” (ver Morris, 71; comparar también las diferentes traducciones cristianas de Juan 3:3), lo cual salvaguarda la verdad que el Padre es el Creador de todas las cosas, pero a la misma vez, se diferencian los roles que el Padre y el Hijo tuvieron en la creación.  El Padre creó el universo, pero lo hizo “por medio” del Hijo.

El hecho que este detalle textual no esté tan claro en la traducción de Reina-Valera del 1960 (RVR60) no debería preocuparnos mucho, pues esta verdad también se transmite en Colosenses 1: 16-17, clarificando esta importante revelación divina.  En esta sección de Colosenses, hablando del “amado Hijo” (v. 13), el Apóstol Pablo nos dice que todo fue creado por medio de él(RVR60 y subrayado por motivos de énfasis). 

Insistimos que este último detalle tiene profunda significancia teológica, pues dice que el Padre creo todo por medio de Jesucristo, a quien se le conoce como el Verbo o la Palabra de Dios.  Esta última diferencia de palabras traducidas, es decir, la “Palabra” o el “Verbo” en Juan 1:1 no es tan importante (ver también las diferentes traducciones en Juan 1:1).  La traducción más correcta parece ser “Palabra,” pero es posible que algunos traductores al español no quisieron usar “una” palabra con el género femenino, sino más bien prefirieron usar “el” verbo, quien contiene el género masculino.

Además, en el primer capítulo de Génesis vemos que Dios creó todas las cosas por medio de su Palabra cuando dijo varias veces “sea…” (y otras variantes como “haya…”); es decir, hubo una frase creadora (Génesis 1:3, 6, 9, 11, 14s., 20, 24, 25; LaSor, 68).  A la misma vez, en pasajes como Génesis 1:26; 3:22; 11:7 se observa la forma plural de “Elohim,” deduciendo que aunque Dios es uno, el termino no era por seguro singular, ni doble (o binario, lo cual es posible en hebreo), sino plural (ver sec. #2 de este artículo de Got Questions?), es decir tres o más.  Esto ultimo es solo lo que el texto de por si solo sugiere, pero nosotros sabemos que tenemos un solo Dios en Tres Personas.

Todo esto también reafirma que Jesús no fue solo un hombre, como mucha gente por allí cree, sino que Jesús ya existía desde antes de la creación, pues Él es también Dios, y también como dice en Génesis 1 , Dios formo los cielos y la tierra, toda la creación fue hecha por Dios.  Un solo Dios en tres personas: el Padre, el Hijo, y el Espíritu Santo.

 

Juan 1: 4-5: La Vida y la Luz

1:4 En él estaba la vida, y la vida era la luz de los hombres.

1:5 La luz en las tinieblas resplandece, y las tinieblas no prevalecieron contra ella.

 

En los versículos 4 y 5 se le compara a Jesús, el Cristo, con la Vida y la Luz, dos importantes ilustraciones graficas que el autor de San Juan utiliza para enseñarnos mas sobre la naturaleza divina de Jesucristo.

¿Por qué creen que a Jesús se le compara con la palabra “vida”?  Porque Dios es vida, lo contrario a muerte.  Además, el autor está hablando de la vida eterna, no la vida terrenal que solo es una etapa temporal para nosotros.  Un camino pasajero.  Después de esta vida en la tierra podemos ir solo a dos lugares.  Al cielo y al infierno.  Eso es lo que dice la Biblia, y por eso podemos estar seguros que estos lugares si existen, que son reales.

¿Por qué sabemos que el cielo y el infierno son lugares reales? ¡Porque la Biblia lo dice así! Nuevamente, la Biblia es la palabra de Dios, y Dios no es hombre para que mienta.  Dios nos creó y realmente Él sí sabe quiénes somos, que hacemos, y a dónde vamos a ir.

Ahora bien, con respecto a la segunda ilustración, ¿por qué creen que el Apóstol Juan también compara al Señor Jesús con la “luz” de los hombres?

Porque con la luz se puede ver lo que pasa a nuestro alrededor.  Vemos en donde estamos y vemos también hacia dónde vamos.  Si no hubiera luz, sería como si fuéramos ciegos.  Lo mismo pasa con la ceguera espiritual.  Si no tenemos a Cristo en nuestros corazones, es como si fuéramos ciegos, pero con Jesús a nuestro lado, podemos ver la luz.  La luz verdadera que alumbra los caminos oscuros del hombre, caminos entenebrecidos por el pecado.  Podemos ver en donde estamos y podemos también ver hacia a dónde vamos.

En referencia al versículo 5, noten por favor que el comienzo de este evangelio, Juan 1:1, es muy similar al comienzo de la Biblia, Génesis 1: 1, pues ambos comienzan con la misma frase: “En el Principio…“.   En el versículo 3, Dios ordena la creación de la luz, y esta prevalece sobre las tinieblas, quienes reinaban en un universo desordenado y vacío (Génesis 1:2).

Dios ordena con su voz, con su palabra, que sea la luz, y esta aparece sobre la faz de las aguas para reinar sobre las tinieblas.  Por mandato divino, en el mundo fisico la oscuridad no puede prevalecer sobre la luz, sino más bien es la luz la que prevalece sobre las tinieblas.  Así lo decreto el Todopoderoso desde el comienzo de la creación, y así se relacionan estos dos contrastes.

Como se explica en la Biblia de Estudio MacArthur, algunas versiones incluyen la traducción literal “no comprendieron,” en vez de la que Reina-Valera 1960 traduce como “no prevalecieron”, pero aquí el contexto determina que se trata en realidad de un enfrentamiento espiritual.  Los poderes de las tinieblas se sujetan a la autoridad del Hijo de Dios (cf. Mateo 8:31-32), así como en el mundo físico la oscuridad no prevalece contra la luz.

“En este contexto, Jesús como ‘luz’ trae a este mundo oscuro el conocimiento verdadero, la pureza moral y la luz que muestra la misma presencia de Dios” (Juan 8:12; 1 Juan 1: 5; Crossway Bibles, 2019).  Es muy posible, entonces, que el Apóstol Juan estaba tratando de enfatizar una vez más, que Jesús estaba allí, al comienzo de la creación, y que ahora venía a restaurar orden y luz a un mundo desordenado y oscurecido por el pecado.

Amén.

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